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Juancito y los huevos al plato

Volviendo a la normalidad puedo decir que este blog va a seguir siendo el mismo blog de siempre, si bien cada tanto habrá alguna foto o algún videíto de la Pupita no se volverá un blog cursi y maternal. De todas maneras; veremos cuanto dura la promesa porque la mocosa es un encanto y me cuesta no babear.

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Hace un rato hablaba con un amigo por facebook y en un intercambio de anécdotas (todas sobre humor negro y doble sentido) me acordé de una anécdota en particular que hacía rato quería escribir acá y siempre olvidaba.

Cuando eramos chicos jugabamos todos en la vereda. Nos poníamos a jugar a la escondida o a la mancha, cáda tanto al rango y a veces cuando estabamos muy cansados para seguir corriendo nos tirábamos en el pasto a burlarnos de alguno. Siempre había uno que ligaba y se iba llorando a su casa de tanta burla.

Había un vecinito que no salía casi nunca porque era medio boludo y la mamá lo sobreprotegía demasiado. Cuando salía jugaba con todos nosotros y generalmente era el punto de burla cuando terminabamos de jugar. Tras cartón uno de los motivos principales de burla era que le faltaba un testículo. No me pregunten cómo sabíamos eso pero quiero creer que alguna vez escuchamos conversaciones de grandes.

Un día empezó la burla:

"En la casa de Juancito había hambruna una noche y le sacaron un huevo para hacer huevo frito jajajaja"

"Ese día la mamá tenía ganas de comer omelette jajajaja"


"Juancito se tomó muy a pecho eso de decir -tengo los huevos al plato- jajajaja"


Y así hasta que Juancito se largó a llorar.

Recuerdo que mi hermano, que era siempre el defensor de los pobres, menores y ausentes, salió a defenderlo con una frase que terminó de hundir el barco.


"¡Che! ¡Dejense de joder! ¡No lo molesten más a Juancito! y vos Juancito quedate tranquilo, no llores más y no les des bola"


Y de putear ni hablemos

A veces me quejo de que la gente que atiende en el hospital siempre está de mal humor y llega tempranito al trabajo con un grado de conchudez bastante elevado para ser la primer hora del día. Pero a veces realmente los entiendo. La gente hoy en día es bastante jodida y va con la predisposición a romper las pelotas.


Cuando la obstetra me manda al hospital para hacer algo en laboratorio ya me doy una idea de lo que me espera: La ira. No es muy difícil entender las indicaciones en un hospital siempre y cuando estés atento y no te distraigas con una vecina, con el telefonito o vayas con auriculares escuchando música a todo volumen. En otras palabras: Solamente hay que prestar atención y seguir paso a paso lo que nos piden que hagamos, de esa manera entramos > hacemos > salimos.

Las personas que van a atenderse a laboratorio solamente tienen que hacer dos cosas cuando llegan:

1 - Preguntar quién es el último para laboratorio. Solamente basta con decir "¿Quién es el último para laboratorio?" y te va a levantar la manito una vieja, una embarazada, una mina con nenitos, una gorda enojada porque está en ayuno, etc.

2 - Lo siguiente que tenés que hacer es prestar atención al siguiente que venga, porque hay que avisarle que el último ahora es uno mismo.

Se hace esto porque generalmente las personas van a hacer la cola unas cuantas horas antes de que abra laboratorio - y que llegue el personal que nos atiende - y hay que saber el orden de llegada para que, cuando venga la rubia de anteojitos, hagamos una cola y nos den un numerito. Es una manera de no correr hasta la ventanilla y cagarnos a piñas cuando llega la rubia.

Obviamente no siempre funciona.

Las veces que fui siempre me encuentro con ciertos personajes que, haciendo un poco de orden en mi cabeza, los puedo catalogar en una lista:

La Desinformada: Este personaje no sabe que tiene que preguntar, o se olvidó de preguntar porque estaba muy dormida, o llegó tarde y se quiere hacer la boluda. Siempre hay una... o dos. Siempre "estaban en guardia por una urgencia pero estaban esperando desde las cinco de la mañana" siempre quieren que las atiendan entre los primeros, siempre discuten, siempre están indignadas y sobre todo: Siempre son viejas.

El Amigo: Este personaje aparece unos quince minutos antes de que abra laboratorio. Viene, abraza y besa a alguno de los boludos que llegó temprano, le cuenta como anda la vecina de enfrente, le pregunta cómo anda la familia, el perro, el trabajo, la tía abuela del cuñado de la novia del hijo y se queda paradito ahí. Cara de piedra si se puede decir. Generalmente lo rajan a puteadas al final de la fila y pasa una vergüenza terrible. Así y todo prueban suerte igual y si logran pasar, pasan. Aunque no.

La Madre y sus Retoños: Este personaje es curioso. Lleva a los hijos, los cuales tuvieron que madrugar pero están con todas las pilas cargadas y los suelta entre la gente para que correteen y jodan a dos manos, siempre y cuando no la molesten a ella. Se hace la boluda si los nenes le hablan, si le piden cosas, si le gritan en el oído, por lo cual los nenes van a hablar, pedirle cosas y gritarle al oído al resto de las personas. Lo curioso de este personaje es que se ofende si uno le pide que los calme -utilizando un tono pacífico y hasta amistoso- cuando lo que realmente se debería hacer es estampar contra los mosaicos a los mocosos en cuestión.

La Madre con la Hija Primeriza*: Esta es la futura abuela que acompaña a la hija para que nada le pase. Le pregunta a cada rato si se siente bien, si necesita algo, si le molesta que la mujer que está al lado de ella tosa muy fuerte, si quiere que vaya a buscar a alguien de seguridad para pedirle al flaco que puso música que la apague, si no necesita ir a la guardia. Generalmente va y viene desesperada por todo y ante cualquier suspiro de la hija empieza a pelear con el resto de las personas porque inhalan demasiado oxígeno. Un amor.

La Señora "yo estaba antes que vos": Es una mujer, no siempre es vieja pero en la mayoría de los casos tiene más de cincuenta años. Este personaje aparece de la nada con el latiguillo incorporado y tiene un parecido a la Desinformada, sólo que ella no necesita excusas. Le importa muy poco el hecho de pasar vergüenza porque va a pelear hasta el final hasta que te canses y la dejes pasar primero, sosteniendo (fervientemente) su argumento irrefutable. Porque ella estaba antes que vos, te guste o no te guste.

Estos son algunos casos. Estoy segura de que estoy olvidando a algunos más. Lo dejo hasta acá porque enseguida viene la Doble y nos vamos a tomar unos mates.

* Este es el caso de la Grandmother Pupolain. Sólo por eso es un amor.

Crónicas de un Pupo (06)

Ahora que se acerca el día del niño no puedo evitar mirar las vidrieras de las jugueterías y sentirme indignada. Siempre hay una diferencia muy notoria entre los juguetes de nene y de nena, y yo, que espero una muchacha que me vino con pochola noto que los juguetes que le van a tocar a ella son una cagada.

Cáda vez que veo las vidrieras de nenes encuentro juegos elaborados, algunos que son del tipo Rastri que tanto nos entretenía a mi hermano y a mi, con temas de dragones y castillos, o juguetes vistosos con profesiones como bombero, policía, ingeniero, etc. Miro con entusiasmo y digo "Faaa... Deben necesitar un manual para manejar semejante chirimbolo". Me quedo fascinada con los juegos de mesa, de ingenio o con lo atractivo de los chiches para nenes y siento envidia.

Cuando veo en las vidrieras de nenas me encuentro esto:





¿Querés ir dándote una idea para lo que servís, guacha? Acá tenés la planchita de Hello Kitty. Andá practicando. Y si los labores de la casa no te sientan muy bien y considerás que tenés mayores aptitudes féminas entonces probá con este modelito a seguir:




I'm a Barbie girl, in a fucking woooorld (8)




Si ustedes creen que eso es bizarro es porque no se cruzaron con una muñeca Bratz, que es como una Barbie pero con la cabeza de Gastón Recondo. Bizarro como pedo abajo del agua. Yo creía que la muñeca en sí era una porquería hasta que me encontré un día con esto:



¿¿¿LO QUÉ???

Acá hay algo que no me cierra. ¿Aspecto de cuántos años ves? ¿uno? ¿dos? ¿Maquillaje de felino bípedo a punto de entrar en batalla? ¡Déjense de joder! ¿Qué es esto? ¿Esto me va a pedir mi retoña para estas fechas en un par de años? ¿Esto le va a dejar papá noel y los reyes magos si se porta bien? ¡Portate mal, Pupita!

No sé a donde fueron a parar las Barbies con las que jugaba yo, pero no eran así. Los vestidos eran más largos, el maquillaje más natural, el cuerpo más real. Las Barbies de ahora vienen cáda vez con menos plástico, no sé si será porque quieren ahorrar en material para reducir costos o proteger al medio ambiente. Cuando encuentre la Barbie Espuma de Mar o la Barbie veterinaria la Pupita va a creer que es la versión trava de la Barbie actual.





Pienso que de todas maneras hay una esperanza. La Pupita tiene genes Pupolinísticos. Posiblemente sea de esas nenas que se entretienen jugando con porquerías varias como tapas, piedras de colores, tuppers de la abuela, arena, ramas, cajas vacías etc. Todavía me acuerdo cuando con mi hermano esperábamos la llegada de Don Pupo mayor del trabajo y nos asomábamos contentos porque sabíamos que traía siempre plastilina o Rastis. Nos regalaba plastilinas de todos colores y se sentaba con nosotros a amasar y hacer muñecos. Para mi era la felicidad hecha masa. Será por eso que después adapté esa técnica con los Amigurumis. Mi viejo sembró ese hobbie y yo coseché muñecos hechos con lana. Nada de juguetes caros y pedorros para entretener a los hijos. El mejor entretenimiento es la misma imaginación. Eso lo aprendí en casa afortunadamente.




Representación gráfica de la felicidad en la infancia pupolinística.



A todo esto ¿por qué estoy hablando del día del niño si todavía faltan como diez días más? Porque agosto además de alojar el día del niño aloja otra fecha importante para la humanidad entera y es (música de tambores por favor) Mi cumpleaños.

Yo he tenido la mala sal (mala leche se me hace que queda fulero) de haber nacido un doce de agosto y me ha pasado alguna que otra vez que ambas fechas se acoplaran para joderme la existencia. Un día antes, un dia después o incluso el mismo día. Esto siempre fue benéfico para los parientes y amigos que venían con un regalito y decían "Esto es por los dos: Por tu cumple y por el día del niño. ¡Disfrutalo!" y yo tenía que mirar cómo recibía un regalo en mi cumpleaños y los demás mocosos también, los cuáles iban a tener otro regalo más en sus respectivos cumpleaños y a mi me iban a mandar a guardar la tarola. Malditos sean todos los niños. Eso pensaba. Todos putos.

En fin. Hoy hace 22 años que mi mamá me parió y dentro de un mes yo voy a parir a otra persona. Hace un año no me imaginaba que para mi siguiente cumpleaños me regalarían sabanitas para cuna ni pantaloncitos talle 0 y dentro de unos años voy a escuchar a una nena con dos colitas torcidas y las rodillas peladas decir "Mirá el hipogrifo que me mandé con la plastilina que me regaló el abuelo!"

O imaginense si un día agarra los rastris (o legos, da lo mismo) y me hace uno de estos:



No hay nada que me alegre más este día que saber que el mejor regalo lo voy a tener dentro de un mes y cuando la Pupita esté conmigo les voy a decir a todos ustedes: ¡Miren qué calidad la de este amigurumi!

Mucho Pior

Che gente, me está costando un huevo empezar con esta entrada porque no sé por donde arrancar. No sé si es que estoy perdiendo la chispa (¿tuve chispa alguna vez?) o será que estoy vaga, sin inspiración pero con mucho para contar. Esperemos que sea eso segundo, porque posiblemente se me pase. Llamemosle a este período "Resfrío literario". La opción "Mucosidad Bloggeril" podría ser aceptable también.

Empiezo más o menos desde el punto que quiero tocar.

Tengo 21 años. En el próximo mes serán 22 y soy bastante pelotuda. Nunca en mi vida he cambiado un pañal y estoy más que segura que el día que esta criatura salga va a sufrir sus primeros 15 o 20 pañales, porque los mismos van a estar mal puestos, torcidos, chuecos, o las primeras limpiadas de culo van a ser muy newbie. No tengo idea sobre los cuidados de una criatura recién nacida y sin ir más lejos tampoco tengo idea de lo que vendrá más adelante. Consideré siempre que la frase "echando a perder se aprende" era mi pilar base para todo tipo de aprendizaje, pero algo me dice que para esto no se aplica.

Sin embargo voy juntando coraje para todo lo que venga pero hay momentos o situaciones donde pienso "tranqui, que podría ser pior". Y claro que podría ser peor. Si hay algo que me da seguridad de que podría ser peor es cuando voy a un hospital público y me encuentro con otras embarazadas primerizas. Paso a contar dos situaciones donde mi inutilidad ha quedado opacada por la tremenda pelotudez ajena. Estoy más que segura que va a aparecer algún anónimo diciendo "necesitás rebajar a alguien para sentirte mejor". Si. Posiblemente. Pero vaaaaamos que son muchos los que hacen lo mismo. La única diferencia es que yo lo cuento en mi blog.

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La primera vez que respiré aliviada sobre mi total pérdida de orientación sobre maternidad fue hace unos meses cuando inicié el trámite para la asignación por embarazo. Me asustaba la idea de tener que ir a la secretaría de salud y realizar mil trámites diferentes y llenar miles de formularios distintos. La idea de hacer algo mal me ponía nerviosa. Éramos en ese lugar más o menos ocho embarazadas. Seis de ellas iban acompañadas de sus respectivos maridos o novios, una iba con la madre y parecía tener unos 17 años, y estaba yo, que iba sola. La mujer que estaba a cargo nos dio unas planillas y nos explicó que debíamos llenarlas con nuestros datos con letra clara y prolija, y que no podíamos tachar, así que debíamos tomarnos el tiempo que sea necesario para escribir, sin apuro y sin equivocarnos.

Los datos eran una boludez galopante: Nombre, apellido, tipo y número de documento, dirección, teléfono. Nada que no te llevara más de dos minutos escribiendo con cincel y martillo sobre un adoquín. No pasaron veinte segundos y la piba que estaba con la madre dijo "ay... acá donde dice Nombre puse todo, mi nombre y apellido ¿qué hago? ¿lo dejo?". La coordinadora le dijo "No. Tiene que ir el nombre arriba y el apellido aparte, para eso hay dos espacios. Tomá, llená de nuevo" y le dió otra planilla.

Cinco segundos después la piba dice: "ay... lo puse de nuevo.", todos nos reímos como diciendo -uy pero que bolú- y la coordinadora le dio otra planilla, también con una sonrisa.

Cuando terminó de escribir la coordinadora leyó la planilla y le dijo "acá donde dice tipo y número de documento vos tenés que poner DNI y tu número ¿no ves que te sobran espacios?"y le dió por tercera vez una planilla vacía. La piba dijo "Ay mamá, pasa que yo nunca hice estas cosas, ¡siempre las hacés vos!" Recuerdo que la madre puso una cara que podría haber significado "¡¿y qué esperás?! ¡¿que me ponga a parir por vos también?!"

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La otra situación fue hace unos días cuando fui a hacerme unos análisis de sangre y orina. Llegué a las seis de la mañana al hospital y eran las ocho y media cuando me atendieron. Cerca mío había una chica de la edad de la Doble dando vueltas por todos lados, con la panza un poco más chica que la mía pero meneando las cachas a todos los pacientes o enfermeros que pasaban. La habré cruzado unas cinco veces dando vueltas, riéndose de todo y masticando chicle con la boca abierta, esto último me llamó la atención porque imaginé que la iban a cagar a pedos por eso, pero me equivoqué.

Cuando llegamos a la ventanilla donde había que entregar la muestra de orina la chica empezó a buscar por todos lados. Se revisó todos los bolsillos, los del bolso y los de la ropa. Increíblemente hasta los bolsillos del pantalón. Revisó abajo de los asientos de la sala de espera, el pasillo, fue al baño, le preguntó a varias personas y después vino y le dijo a la enfermera: "Me lo robaron". Después de discutir un rato se fue a seguir buscando.

La enfermera no vio cuando ella volvió y justo le dijo a otra enfermera "seguro que ni lo trajo", y la chica gritó enfurecida desde atrás: "¡Yo si traje el pis! ¡Pero no tengo la culpa si se lo robaron!"

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Así que no sé si estará mal sentirme un poco mejor ante este tipo de situaciones, pero me levanta un poquito el ánimo saber que manejo los comandos básicos para entender que no puede caber en ninguna cabeza que te afanen un tarro de pis.

Que la joda venga a mi entonces

El fin de semana pasado me había quedado completamente incomunicada del mundo por ausencia de pc y aislada del resto de los seres vivos por tener un gran dolor de garganta con mocos en diferente matices de verde; desde verde manzana llegando al hermosísimo tono verde musgo.

La Doble, al notar que yo no había pasado por su casa en todo el día y que tampoco estaba conectada, vino a eso de las once de la noche para saber si yo estaba bien. Se terminó quedando conmigo y no sólo me cebó unos mates (arriesgándose así a contraer la peste misma, ¡esas son amigas, carajo!) sino que me ayudó a tejer unos cuantos conejos amigurumis de un encargo que me hicieron. Se hicieron así las tres de la mañana hasta que decidió marchar hacia su hogar y mientras la acompañaba a la puerta escuchamos un quilombo terrible que venía de la calle.

Al parecer, un vecino de la vuelta de casa estaba haciendo una joda terrible y pasaban entonces por la calle unos ocho o nueve pendejos que salían de dicha casa sobrecargados con altas dosis de alcohol y vaya a saber cuanta porquería junta. Desde mi comedor se escuchaba que una chica le gritaba a otra un montón de amenazas llenas de "eh vo'" y carentes de "s". Cuando abrimos la puerta vimos a toda esa gente y decidimos volver a entrar y esperar a que terminaran de pasar, por las dudas de que se armara una pelea y me la cascotearan a la Doble. Uno nunca sabe.

Cuando cerramos la puerta nos quedamos atentas y escuchamos lo siguiente: (Textual)


Muchacha borracha y altamente drogada

"eh gila, vení que te voy a cagar a trompadas guacha, te fuiste corriendo de la joda, vení vo' que te voy a cagar a piñas, refugiada! gila. Veni eh, vení"


Amigo de Muchacha borracha y altemente drogada

"Che, no es acá. Vamonos boló"

Muchacha borracha y altamente drogada

"Sali guacha, sali y bancate un mano a mano, gila"


Yo la miraba a la Doble sin entender un carajo.


Pupolina

Doble ¿Está gritando acá?

Doble

No creo. Yo no la conozco ¿vos la conocés?

Pupolina

No, menos. Si no la conocés vos que te conocés a medio Ezeiza menos yo. Pero me parece que está gritando acá.


Muchacha borracha y altamente drogada

¡TE VOY A ROMPER TODO' LO' VIDRIO' GILA! ¡REFUGIADA! ¡SALÍ GUACHA, EH!


Pupolina

(Asomándome a la cortina y mirando a una pobre piba de unos catorce años, sacudiendo los brazos y gritandole a mis ventanas)

¡Si! ¡Está gritando acá!

Podía hacer dos cosas: Abrir la puerta, decirle a todos que se vayan a sus casas con la amenaza de llamar a la policía o simplemente meterme a la pieza y esperar a que se cansaran de gritar y se fueran solos. Me pareció que la segunda opción era la más viable, ya que por lo general cuando uno defiende lo suyo como corresponde es más que nada una invitación a que te rompan la cabeza con más ímpetu, tengas o no tengas razón. La lógica de la gente de ese tipo (gente de mierda, digamos) es que te tenés que dejar boludear y callarte la boca. En otro momento hubiese salido a gritar y mandar a todos a la puta madre y dar pelea armada de un palo de escobas mínimo, pero como llevo a la Pupita en la panza no estoy en condiciones de hacerme la heroína. Entonces le dije a la Doble que volvamos a lo que estábamos haciendo y así fue que un momento después había silencio en la calle.

No pasaron diez minutos que se escuchó como una explosión en la ventana de la pieza de mis viejos. Seguidos por un "LACONCHADELALORA" de parte de mi viejo mismo y la corrida hacia la puerta de entrada. Salimos todos a ver qué pasaba y estaba ahí la muchacha, siendo arrastrada de un brazo por una amiga y mientras, con el otro brazo libre, amenazandonos a todos.


Muchacha borracha y altamente drogada

"TE DIJE GUACHA QUE TE IBA A ROMPER TODO' LO' VIDRIO', EH"

Es así como me encuentro guardada en mi casa un sábado en compañía de mi amiga, tomando mates y tejiendo como dos viejas chotas. Hace unos seis meses y medio que tengo un ser humano viviendo en el interior y por lo menos cinco meses que no salgo de joda, pero la joda viene a mi puerta igual y no sólo me busca sino que me cascotea la casa y me rompe los vidrios.

A que no adivinan esta


A que no adivinan cual soy yo.

Mientras...

Hace mucho que espero un llamado, un mensaje, un mail o cualquier señal que indique que tenés un corazón.


Ya pasan los cuatro meses y estamos llegando de a poquito a los cinco. La panza está enorme. Mi gordita se mueve dentro mío (especialmente de noche, cuando prefiere jugar) y yo simplemente acaricio la panza y siento que es lo más lindo que hay en el mundo.

Esperaba más o menos esto cuando no supe más de vos. Pero decidí darle una oportunidad porque considero que nadie tiene derecho a impedirle a otra persona vivir y crecer, y eso es lo que está haciendo Lucy desde entonces. En las ecografías
se ve como se mueve, como juega con las manos y estira las piernas buscando más lugar. Ya tiene todo el perfil desarrollado, tiene ojos, nariz, boca, orejas, manos con deditos chiquititos que se tocan la cara y la pera.

Y tiene un corazón que cuando lo escucho latir como un tamborcito se me llenan los ojos de lágrimas. No lágrimas tristes, sino lágrimas que vienen porque si, porque amo muchísimo a este bebé y porque no sé cómo esperar tranquila el tiempo que falta para verla a los ojos y que ella me vea a mi por primera vez.

Nunca estuvo en mis intenciones nada malo para vos y no lo deseo ahora tampoco. Solamente quiero saber dónde está esa persona que me miraba a los ojos y me decía que me amaba mucho y que además de ser su novia era su mejor amiga. Esa misma persona que yo amé hasta el último segundo. Todavía me acuerdo cuando dijiste, no una vez sino miles de veces, que ibas a estar conmigo siempre y que si algún día no estabamos juntos como pareja querías mi amistad porque considerabas que yo era importante para vos, así como también yo iba a poder contar con tu amistad incondicional.

Hoy sé y acepto que no me amás. Que se terminó esa historia. La acepto porque es lo más sano que puedo hacer. Hace mucho que dejé de llorar porque decidiste darme la espalda a pesar de todo. No sé si habrás tirado el cofre con las cartas o los miles de muñecos que hice para vos, incluído ese corazón. Incluído mi corazón que decidí darte. Nó sé que fue de todo eso. Pero tuve que entender y ser fuerte porque ya no puedo quedarme acostada en mi cama y llorar, porque hay alguien que necesita que yo salga adelante y esa persona es tu hija.


Chino, lo único que quiero que entiendas es que no te guardo ningún tipo de rencor. Me diste muchísima felicidad y lo seguís haciendo hasta el día de hoy a pesar de todo. Entiendo que estés asustado.

Te pido entonces que si algún día pensás en nosotras vengas a visitarnos. Yo no quiero plata, ni quiero que le des tu apellido si eso te parece una dificultad por tu familia (y en especial por tu mamá) pero te pido que si realmente tenés un corazón y si no me mentiste esas mil veces que dijiste que ibas a ser mi amigo siempre, vengas porque nadie va a apuntarte con un dedo y acusarte de nada. Solamente te pido que no tengas miedo a que te haga reproches o reclamos,
porque no tengo nada que reprochar. Me diste lo mejor que tengo y es una nena preciosa. Te agradezco enormemente, de verdad.


Y llevo varios días esperando una respuesta que no llega.

Por cierto. Pupita se llama Luciana. ¿Les gusta?

El Archinémesis

Todos tuvimos un archinémesis alguna vez. Desde chicos aprendemos que es una ley natural en la vida humana o incluso animal. Todos hemos encontrado nuestra piedra en el zapato, ese enemigo que nos alteró (o altera) la vida y la hace de cuadritos. Lo tuvo Batman con el Guazón, lo tuvo Spiderman con Octopus y el Duende Verde, lo tuvieron los rollingas con el shampú y el jabón en polvo y lo tuve yo en la primaria con el gordo Guillermo.

El gordo Guillermo era mi indiscutible enemigo. Era un gordito cargoso, molesto, abusivo, gritón, burlista, insoportable y todo adjetivo negativo que pueda asomarse en mi teclado. No recuerdo un sólo día que no haya habido un problema con el gordo. Jamás hubo una tregua. El gordo tenía esa necesidad de romperme las pelotas y yo, cuando me colmaba la paciencia, explotaba y le respondía como podía. Cabe aclarar que el gordo pegaba, escupía, pellizcaba, estiraba el pelo y yo siempre fui una miniatura de persona, así que generalmente mi mecanismo de defensa era al comienzo el llanto.

Tenía 8 años y estaba en tercer grado. Por causas de las injusticias divinas nuestros apellidos nos obligaban a sentarnos juntos. No sé por qué la maestra consideraba buena idea sentar en cáda mesa a una nena y un varón, y a nosotros nos tocaba siempre sentarnos juntos obligatoriamente. Esto era una catástrofe diaria. El gordo siempre encontraba la manera de molestar: Me robaba los colores, me robaba las golosinas, se sacaba los mocos y los pegaba en mi banco, se tiraba pedos, comía con la boca abierta, se reía de mis dientes, se copiaba mi tarea, juntaba bichos y me los dejaba en la cartuchera. En síntesis, el gordo era tan molesto para mi como un forúnculo en medio de las nalgas. Pero no importaba cuánto me quejara del gordo, a la maestra le daba lo mismo. Siempre sospeché que a la maestra le caía bien el gordo porque era rubiecito y bonito, y porque el turro siempre ponía cara de "No... yo no hice nada seño" como la ponen los niñitos inocentes de verdad.

En cambio yo tenía menos capacidad de defensa que un potus. Nunca me daban la menor bola. Tenía una voz que se mezclaba muy rápido en la de los demás así que generalmente no me escuchaba nadie, incluída la maestra. Pero el que si me escuchó un día, cuando vine llorando, fue mi viejo. Mi viejo me dijo entonces que lo que tenía que hacer era no llorar ni ponerme mal, porque de eso vive la gente pelotuda. Que lo mejor que podía hacer era retrucar las verdugueadas. "Cuando te carguen con los dientes, reíte, no les muestres que te molesta. Reíte y retrucale lo que sea. Devolvele la cargada y que se rían de él. Además, cuando uno se ríe de uno mismo no tiene mucha gracia para el que te molesta"

Así que a partir de ahi intenté hacerle caso.

Un día de invierno nos tenían a todos adentro aburridos sin nada para hacer. La profesora de plástica había faltado y era una hora libre para mirar la lluvia por la ventana y desear con todo el corazón estar en casa en vez de en esa aula fría y húmeda. Yo estaba sentada hablando con Mariel, la mamá de Alma, mientras calculabamos cuánto podía faltar para las vacaciones de invierno. En medio de la charla se acerca el gordo con un pedazo de chocolate blanco.

Pupolina

"¡Eso es mío! ¡¿Por qué tocás mis cosas?!"


Gordo Guillermo

(Sonriente y sin culpa)


"Ah no sé, no sé. Yo me lo encontré tirados en el piso"


Pupolina

"¡Mentira! ¡Estaban en mi mochila! ¡Yo le voy a decir a la señorita!


Gordo Guillermo

(imitandome, haciendo cara de conejo)


"¡ay ay! ¡Yo le voy a decir a la señorita!"


Pupolina

"Eso es de gordo ¿Sabías? Por eso me robás las golosinas, porque vivís comiendo nada más y vas a salir rodando algún dia"


Gordo Guillermo

(un poco colorado)


"Y vos sos una dientona de mierda, sos uno de los castores de la propaganda de Colgate Herbal. jajaja ¿sabés como te dicen a vos? Ametralladora. RATATATATA"


Nuestros compañeros que estaban cerca se empezaban a reir y festejarle el chiste mientras yo estaba al borde del llanto, parada como una tonta y viviendo una de las injusticias de casi todos los días. Pero esta vez en lugar de largarme a llorar decidí poner en práctica la recomendación de mi viejo.

Pupolina

"¡Uy que vivo que sos! ¿Sabés lo que sos vos? ¿SABÉS LO QUE SOS VOS? ¡UNA BOLSA DE PEDOS SOS VOS! Y SI TE LLEGAS A TIRAR UN PEDO EN UNA BOLSA DE HARINA TENEMOS NIEBLA TODO EL AÑO!"


Lo grité tan fuerte que los que estaban cerca escucharon y se empezaron a reir. Esa tarde se burlaron todo el día del gordo y al parecer cuando volvió a su casa se fue a llorar ahogando las lágrimas con la almohada. Lloró toda la tarde hasta que su mamá fue a verlo. Y obviamente al día siguiente citaron a mi vieja.


Cuando mi vieja me preguntó qué era esa notita de mal comportamiento en la escuela y demás le expliqué lo que había pasado y lo que me había recomendado mi viejo. Las palabras de mi vieja fueron instantáneas.


Mamá de Pupolina


"Que se joda, por gordo rompehuevos"

Mi vida es como un tango

Hay algo que nunca les conté sobre el último trabajo que hice. La verdad es algo entretenido para contar pero siempre que llegaba a esta silla frente a este monitor (que por cierto pide jubilación inmediata) olvidaba completamente esta anécdota que hoy, sólo porque acabo de cruzarme con el otro protagonista de la historia, voy a comenzar a relatar.

Como ustedes recordarán, en el mes de enero estuve trabajando de promotora en una agencia de turismo. Mi trabajo consistía en molestar turistas. Cuando los turistas pasaban frente a la galería Jardín yo debía detenerlos con mi mejor cara de poker y ofrecerles city tours, paseos a Tigre, paseos a Temaiken y sobre todo shows de tango. Esto último era lo más solicitado por los extranjeros, que anhelaban con todo su corazón ver el tango argentino.

Ha decir verdad, el 99% de los turistas que paraba por día me ignoraban. Sólo el 1% accedía a escucharme y luego bajar conmigo a la agencia, donde sucedía lo bueno: Les vendían algún show de tango o algún paseo y yo me ganaba el 5% de comisión. Una tristeza en verdad pero de eso estaba viviendo, no me quejo, me dio mis lindos pesitos.

El asunto en cuestión era yo, parada ahí con uno o dos carteles de los shows de tango y los paseos. Ofrecía los 18 shows de tango de la ciudad de Buenos Aires, y tres o cuatro de ellos eran los que el turismo más solicitaba. En especial uno de todos ellos. Uno en cuestión que llamaremos "Tango Buenos Aires" porque el nombre de este show me compromete demasiado. En ese momento no lo sabía. Más adelante entenderán por qué.

Tango Buenos Aires era el show más barato que ofrecía mi agencia y era completo: Traslado desde el hotel, cena, show, bebida libre, folklore y clase de tango gratis. Pasé un mes y algo cargando el cartel de dicho show sin darle mucha importancia a las personas que figuraban en el cartel sonriendo para el espectador: Algunos con sombrero y traje de tanguero, algunas con elegantes vestidos y medias oscuras y algunos otros con instrumentos musicales. Había cierto rostro que me parecía muy familiar y un día, mientras estaba parada en la puerta de la galería, mi pequeño primogénito que ya se habia alojado en mi interior, me obligó a correr al baño más cercano para desagotar el cargamento.

Así entonces corrí al baño con el cartel en la mano y no entraré en detalles desagradables de lo que había desayunado ese día y que estaba expulsando esa tarde. Pero luego del asunto me senté a esperar a que el mareo se fuera. Mientras estaba sentada observaba ese rostro. Lo miraba... y fue entonces que el cerebro me hizo click y dije "¡Ahhh... eras vos!"

¿Recuerdan aquella vez que me ausenté varios días de la blogósfera? El vecino de al lado, al que yo le debo la posibilidad de estar hoy acá sentada y contando esto porque me convida de su wi fi (no voluntariamente, cabe aclarar) era el hombre que me estaba saludando aquél día en aquel baño desde un cartel. Todo esto me llevó a pensar lo siguiente:

// El turista quiere consumir > Pupolina promociona Tango Buenos Aires > Pupolina convence al turista de consumir Tango Buenos Aires > El turista compra > Tango Buenos Aires tiene público > mi vecino trabaja en Tango Buenos Aires > mi vecino tiene público > mi vecino tiene más trabajo > mi vecino cobra > mi vecino paga internet > Pupolina tiene internet //


He aquí por qué no puse el verdadero nombre del show de tango. Imagínense que un día mi vecino se ponga a buscar información sobre su show y se entere de que me convida wi fi. Hay gente que prefiere hacer las cosas de corazón. Y como el corazón es el símbolo del amor y el amor es ciego, él prefiere convidarme sin saber de su cachito de wi fi.

El día que no viniste, Andrés.

Siempre me quejé de Andrés. Me quejé porque me hacía mariconear mucho durante cuatro o cinco días al mes, porque me ponía de mal humor, porque me tiraba en la cama y me quitaba las ganas de hacer todo, porque es un hijo de puta, simplemente por eso. Pero pasó enero y Andrés no vino a visitarme.

Cuando el mes de febrero comenzaba, hace apenas diecinueve días, yo no tenía idea de lo que estaba pasando. Me sentía rara, sí, pero pensaba que había comido algo en mal estado o había hecho una mala combinación de comidas. No hace mucho tiempo atrás me encontré un día con hambre y agarré las primeras cosas que encontré en la cocina. Las cuales fueron un pan de pancho, una salchicha pre-cocida, una lata de paté y un poco de mostaza. Todo eso manducado sin asco y sin cocción. Mis malestares estaban entonces justificados como siempre: Sos un asco para comer, Pupolina, entonces ¿te gusta el durazno? bancate la pelusa, gila.

Sin embargo un día me encontré abriendo el cajón de la ropa interior, donde además de ropa interior guardo las toallitas femeninas que son de auxilio para cuando llega Andrés. Ahí estaban las toallitas que había comprado en enero, y estabamos en avanzados días de febrero y este individuo no aparecía. Eso, sumado a los malestares, me estaban dando un resultado esperable para cualquiera que sepa sumar.

A mi me dio esto



Gente: Les presento a mi hijo. Les presento a la belleza más hermosa que me dio el cielo y la vida. Les presento al ser que desde hace un poco más de dos meses está creciendo dentro de mi. Les presento a esta persona que, como pueden ver, no tiene manitos desarrolladas todavía pero me manipula fácilmente a la hora de comer, de dormir, de caminar. Les presento entonces a mi Pupito.

Quisiera tener la paciencia suficiente para esperar tranquila los meses que todavía faltan para que este bebé nazca y pueda abrazarlo fuerte y llenarlo de besos, pero les aseguro que vivo con hormigas en el culo desde que sé que existe. Además tendrá que darme muchas explicaciones de por qué no me deja comer en paz y todo le disgusta (mamá ¿combinaciones raras? nono, a mi dame sopa y mucho juguito de naranja, otra cosa no te como eh, olvídalo)

Ahora que ya lo conocen quiero que todos los que entren a este blog hagan una lista de nombres de nene y de nena, porque esta criatura necesita un nombre. A mi se me ocurrieron un par pero quién sabe si alguno de ustedes aparece con un nombre lindo que me de vueltas el marote. Por ahora les pido un nombre, para dentro de un par de meses sí o sí quién entre por acá va a tener que dejar un bolsito con pañales para el bebé y un par de cafiaspirinas para la madre.

Hoy

"Aus besetzte plätze mich gesetzt
Suchte ich die herrlichtkeit der zweisamkeit
Und fand nur die lächerliche einsamkeit"


"Me he sentado en lugares ocupados,
he buscado la gloria de estar contigo
y sólo encontré la ridícula soledad"

Cuando les cuente, queridos amigos, lo que anda pasando por estos lugares creo firmemente que cáda uno de ustedes va a caerse de culo con la noticia. La cual no es tan triste como este fragmento de una melancólica canción de Lacrimosa llamada Einsamkeit (Soledad), sino todo lo contrario. Pero en este entorno ha venido una gran noticia y lamentablemente hay que salir adelante.

Ventana

Ayer me había quedado dormida en el tren. Estaba realmente muy cansada y palmé durante 45 minutos. Afortunadamente tengo una especie de reloj para despertarme una o dos estaciones antes de Ezeiza, pero la hinchazón de ojos no se me va enseguida. Bajé del tren y corrí para llegar rápido a la interminable fila de colectivos.

Fue ahí que la vi.

Mientras hacía la cola, que era más o menos de cincuenta personas delante mío, empecé a sentir el insufrible olor a vómito en la vereda. A unos metros estaba uno de esos negocios donde venden panchos y hamburguesas y por algún lugar de ahí un nene se había desgraciado lindo. El olor era insoportable, tanto así que la gente que iba a pedir un pancho se iba diciendo "Nono, gracias, dejá". Cuando ya estaba al borde de irme de ahí salió ella, Diana, con un balde de agua y una escoba a limpiar todo. Yo no la reconocí enseguida ni ella a mi tampoco. Es más, dudo que ella me haya reconocido después.

Andaba en chancletas, tenía los pantalones arremangados, una pulsera deshilachada en el tobillo derecho, la remera llena de aceite y el pelo desteñido y hecho un rodete. Yo le vi algo familiar, no sabía de donde, hasta que largó una puteada baja y le vi los dientes. Había un huequito. En ese momento todo fue un marchatrás para mi cabeza. Esa ventanita en los dientes me llevó al pasado. A mis 8 años.

En mi grado éramos muchísimos chicos, tanto así que en los días de mucho calor la maestra prefería sacarnos al patio a corretear que aguantar cuarenta y seis mocosos de mal humor y apestando los caldos. Nos llevaba al tinglado, elegía dos chicos como capitanes, les daba una pelota y jugábamos al Quemado. A mi siempre me elegían casi última porque era chiquita y muy flaca, así que me quemaban primero o me ignoraban durante todo el partido. O a veces peor, me hacían burlas por los dientes grandes o por lo que fuese (los chicos son malos) Yo siempre prefería mirar desde afuera y no jugar, pero tenía que jugar igual porque sino el número era impar.

Un día me levanté con un humor pésimo. Le pedí a mi vieja, doña Pupolina mayor, que me dejara faltar, pero mi vieja se negó rotundamente. Hice berrinches múltiples durante todo el camino a la escuela y durante la primera hora, pero no gané nada. Y al rato la maestra nos llevó a jugar al quemado. Diana estaba ahí, entre todas las chicas, burlándose de mi llanto.

Che, ratona. ¿No te vino a buscar tu mami? ¿Tu mamá te lima los dientes todas las noches para que no le rayes el piso, no? ¿Sabés qué Pokemon sos vos? RATATA. ¿Vos te lavás los dientes con una mopa verdad? JAJAJA.


Luego, a la hora de elegir el equipo, la maestra me dijo que jugara y no llorara más o que la acompañara a dirección a hablar con la directora. Preferí callarme, porque si el llanto llegaba a mayores y llamaban a mi vieja iba a tener mejores razones por las cuales llorar. Acepto que estaba llorando por llorar.

A Pupolina no la elijan porque nos va a pinchar la pelota con los dientes. Además empieza a correr y deja surcos en el piso.


Jugamos todos. Yo di mi mejor esfuerzo y resultó que ser chiquita tiene sus ventajas. Al resto de los chicos les costaba mucho darme con la pelota porque había menos persona a la cual apuntar. Al final quedé como última sobreviviente, y gracias a un pase al Gordo Díaz ganamos el partido. Fuimos a lavarnos un poco las manos y la cara en el baño y ahí estaba Diana.

Lo que pasa es que cuando nos acercamos a Pupolina el reflejo del sol en las paletas nos dejaba ciegos JAJAJA vos tenés los dientes tan grandes que el ratón Perez se volvió ciruja después de pasar por tu casa. Ahora junta cartones por tu culpa JAJAJA


No sé qué fue primero o qué fue después. No recuerdo si primero le di el empujón y luego le dije "Vos callate pedazo de sorete mal cagado, hija de un camión lleno de putas"´. Sé que el empujón fue terrible y encima a traición. Ella estaba de espaldas a mi, mirándose al espejo su sonrisa perfecta, la misma sonrisa que fue a parar a la punta de la mesada.

Recuerdo el llanto de ella, recuerdo haber salido corriendo, recuerdo a mis compañeros festejando y recuerdo que la maestra no quiso decir nada en mi casa porque me hubiesen castigado y porque además, la mestra al igual que los demás, sabían que yo actué como hubiese actuado todo ser humano con una inflamación importante en las pelotas. Y eso que pelotas no tengo.

Aún pareciera ir todo en cámara lenta. Ahí estábamos ahora las dos, otra vez frente a frente después de tantos años. Yo esperando un colectivo con los ojos rojos como aquella vez después de llorar, y ella en cambio fregando el vómito de otro, en chancletas. Mojándose las patas entre agua y jugo gástrico ajeno. Nuestras miradas se cruzaron en un momento. Al mirarme pensó ver un cliente que se acercaría a comprar y me sonrió.

Ellos huelen tan bien

Mañana mismo me voy a la cancha de Racing a ver una de mis bandas favoritas, así que seguramente si no vuelvo hasta el lunes o martes no se preocupen, seguro para ese entonces estaré en alguna esquina recuperando la conciencia. Pero el miércoles seguro que ya ando por acá.

¿Qué banda voy a ver? Rammstein. Una banda alemana de industrial metal. Cuando yo era una mocosa que se comía los mocos y tenía 14 añitos la conocí y esta es la primera vez que la voy a ver, ya con 21.





Les dejo un video (Subtitulado para que no me tiren cascotes en los comentarios)con uno de mis temas favoritos. Si ya sé lo que van a decir. Me van a decir que es agresivo tal vez y que las letras son raras. Pero Damas Gratis, el Judas y todas esas cosas que escucha la Doble insitan a lo' pibe' a drogarse y robar kiosquitos. Rammstein insita a oler minas y correrlas arriba de un puente. Ustedes diganme.


P.D: El video se ve muy grande y me tapa los cositos del costado del blog, pero no importa. Ahora estoy apurada y no puedo quedarme a arreglarlo porque me tengo que ir a bañar. Yo no huelo tan bien.

Érase una vez un viaje

Prometí que iba a contar cómo fue la pelea con la Villu pero la verdad que no vale la pena. Hay cosas más interesantes que eso y si bien me encanta regocijarme en mi asquerosa felicidad por el pleitito tengo algo más para escribir acá.

El domingo estaba en mi casa y decidí ir a visitar a mis amigos de barrio uno: Flora entre ellos. Así que fui a esperar el colectivo que va para allá, el cual pasa cada 40 minutos. Cuando iba cruzando la ruta vi pasar uno, pero sin importar nada esperé el siguiente.

El siguiente no paró porque venía hasta las tetas. No me importó. Esperé el siguiente.

Cabe aclarar en este punto, para que después no me pregunten en los comentarios, que yo vivo cerca del nuevo hospital de Ezeiza. Recuerden este dato.

Cuando por fin vino el colectivo subí, me senté y viajé durante media hora. Todo tranquilo hasta el momento porque el colectivo no contaba más que, como mucho, diez pasajeros y un colectivero. Ibamos a mitad de camino cuando una mujer le pregunta a otra mujer sentada de lante mío y vestida con traje de seguridad aeroportuaria:


¿Esa chica que está atrás es tu compañera? Porque se descompuso.


Cuando la mujer terminó de decir esto escuché un llanto y un eructo. Me di vuelta para ver qué pasaba y me encontré con una chica de veintitantos años acostada en los cuatro asientos de atrás, llorando, eructando y diciendo - Me voy a morir... me voy a morir...- El colectivero nos empezó a mirar a todos para calcular a cuántas personas iba a retrasar si llevaba a esta mujer al hospital. Nos preguntó masivamente si podía llevarla. Todos dijimos que sí. La mina se veía bastante mal.

Emprendimos el viaje de vuelta y yo ya llevaba una hora y cincuenta minutos retrasada. La intención era ir, tomar unos mates, charlar y volver, el tiempo que estaba ocupando en viajar era casi el mismo tiempo que me iba a tomar todo lo que quería hacer. No importó. Andaba de buen humor después de todo.

El colectivero iba a los santos pedos, la mina descompuesta empezó a gritar, la gente empezó a tener miedo y a agarrarse fuerte. Los autos en la ruta no se corrían y no entendían por qué el colectivo iba en sentido contrario. Todo era un quilombo. Después de varias discusiones del colectivero con los compañeros de ruta y de varios padres nuestros de parte de nosotros llegamos al hospital. Estacionamos en frente de la guardia y la mujer bajó junto con dos compañeras de trabajo. Antes de bajarse la mina vomitó todo un líquido verdecito. (Lo siento, yo me he tenido que aguantar ese detalle en vivo, ustedes lo van a tener que leer)

El colectivero, después de dejar a estas mujeres en la guardia, decidió volver al recorrido. Pero se olvidó de llenar una planilla en el hospital donde constatara que perdió una hora de viaje porque una mujer estaba vomitando en su colectivo. Así que cuando se dio cuenta de esto (diez minutos después) volvió al hospital.

Colectivero:


"Muchachos, ya vengo. Voy a llenar la planilla porque sino me van a rajar a la mierda. Ya vengo,eh!"


Decidí en este momento sacar un libro de la mochila y ponerme a leer. Sabía que el colectivero iba a tardar un rato largo y a pesar de poder ir caminando no me pareció buena idea haber esperado tanto tiempo para, al final, regresar a mi casa. Estuve leyendo como mucho dos minutos enteros y de repente todo se interrumpió con ruidos, gritos y bocinazos. Todos en el colectivo empezamos a mirar por las ventanillas y vimos a una mujer gorda saliendo de un coche frente a la guardia y corriendo de un lado a otro.


"¡UN MÉDICO! ¡UNA ENFERMERA! ¡UN MÉDICO POR FAVOR!"


Mientras tanto la gente se amontonaba y la puerta del coche seguía abierta. Nosotros no podíamos ver qué había en ese coche pero nos imaginabamos algo con tripas para afuera o un ojo salido. Intetábamos adivinar qué podía ser cuando apareció una doctora y una enfermera con toallas.

Taparon , gritaron, llamaron a otra enfermera, pidieron espacio. La gente que estaba alrededor empezó a sacar celulares y a filmar. Un hombre vestido de seguridad se movía de un lado a otro, en ese momento no reconocí a ese hombre pero luego me enteré que era Gastón, el hermano de Flora. De golpe todo quedó en silencio. Y luego del silencio la doctora sacó del coche, entre toallas y paños húmedos, un bebé todo mojadito y asustado. Los aplausos fueron efusivos. La gente se pone de acuerdo para este tipo de cosas. Nosotros también aplaudimos. No sabemos por qué, pero lo hicimos igual.

Nuestro colectivero apareció poco después de eso, pidió disculpas y arrancamos de nuevo para la ruta. Tardamos lo que suele tardar el viaje. Llegué casi dos horas después de lo que debería haber tardado. Barrio uno cambió muchísimo. La plaza está reformada, la iglesia sigue siendo un detalle pintorezco, el cine abandonado está pintado de blanco y ya no tiene gracia. El hospital viejo es un edificio lleno de eco.

Cuando llegué a la casa de Flor me preguntó por qué tardé tanto.


Pupolina:

"No me vas a creer pero..."

Una madre y un durazno

Ella arrastraba una bicicleta con una mano envuelta en pañuelos. Le costaba, porque vaya a saber qué clase de heridas guardaba el vendaje. Tenía el pelo colorado, pero un colorado muy triste, muy apagado. Era como si intentara tratar de darle vida a su aspecto y las pocas ganas no fueran suficientes. Los ojos claros, de un verde manzana, parecían guardar mucha tristeza. Yo la ayudaba con la bicicleta, y arriba de la misma bicicleta habíamos puesto un árbol. El árbol pesaba mucho.

-Podes ir volviendo, no te preocupes, que yo voy a poder llegar a mi casa.

-No pasa nada. Unas cuadras más.

El árbol pesaba mucho y se resvalaba demasiado arriba de esa bicicleta. Ella hablaba mucho y yo pensaba mientras cruzaba la plaza del barrio y escuchaba lo suficiente. Mientras caminaba miré la iglesia del barrio. A veces las iglesias son casas grandes, donde uno va a visitar a sus seres queridos, como los cementerios. Ella venía de ahí. De ambos lugares. La iglesia frente a la plaza y el cementerio detrás del golf. Sin embargo ninguna de esas casas la reconfortaban. Hablaba mucho, si, pero con muchas pausas y cáda una de ellas mostraban que hacía mucho buscaba el calor de un hogar.

-Ni siquiera le plantaron pasto... ¿Viste que te venden las semillitas de pasto? Yo la pagué. Hace dos meses pagué el pasto y cuando fui a ver a mi hijo vi todo pelado... ¡Ni siquiera tiene una plaquita con su nombre! Era como haberlo dejado en un desierto. Además no te dejan poner flores ni nada. Esas normas de esos lugares horribles que dicen que "Todos tienen que tener lo mismo así nadie se siente menos" Pero cuando llegué vi todo tan vacío... Sentí que lo abandoné en medio de un terreno baldío. Pobre mi hijo...

¿Qué hago yo acá, arrastrando a cuestas una bicicleta que no es mía con una mujer que no conozco y que está a punto de tener una crisis de llanto en medio de la plaza?

-Pero no te pongas mal... Lo fuiste a ver. A veces hay que seguir adelante. A él tampoco le gustaría verte llorar (no hagas puchero por favor no hagas puchero) Yo creo que si él te está viendo debe sentir mucho dolor por ver a su mamá llorando.

-Si ya sé, ya sé... Por eso fui al vivero. Para comprar un árbol. No sé por qué necesité comprar un árbol.

-Tal vez sea la mejor manera de recordarlo. Los cementerios y las iglesias son lugares para deprimirse. Tu hijo no está en ninguno de esos lugares. Él está donde vos lo recuerdes. Puede estar en tu patio si vos querés que así sea. Podés recordarlo bien. El pasto, las placas y las flores de plástico no son importantes. Tampoco el cuerpo. Tu hijo no es un pedazo de carne enterrado en un terreno sin pasto.

-Gracias.

-De nada... ¿Vas a poder desde acá con la bici? Sino te acompaño unas cuadras más.

-Creo que voy a poder. Bueno... Espero tener suerte con este árbol. Lo pagué con la plata con la cual iba a comprar la plaquita de mi hijo.

-Puede ser mejor.

-Puede ser...



Y me dio un beso en el cachete. A pesar de que yo era una desconocida.

Era un árbol de durazno.

Pupo trabaja en el vívere

¡Hace quien sabe cuanto tiempo que no puedo sentarme a charlar con mi cuaderno! Parece tanto tiempo que ahora me cuesta mucho coordinar palabra con dedos. Lo que es perder la práctica, y para colmo ni enterarse.

Las cosas cambian tan de golpe... La última vez que escribí en este cuaderno yo era una desempleada, tenía novio, hacía taebo, tomaba mates con la Doble hasta las tres de la mañana, tenía menos perros, no tenía granos...

Las mil cosas que pasaron en tan poco tiempo me tienen en una nube de imcomprensibilidad (Si existe la palabra o la sensación) que no sé por donde arrancar. No quisiera dejar nada suelto, pero tampoco quisiera empezar a hacerme mala sangre.

A veces hay que acostumbrarse de nuevo a estar sola. Hace un tiempo quería tener un trabajo para poder invitar al chino a ver una película o a comer al Mc Donalds, porque siempre fue él el que pagaba el cine, el helado, la hamburguesa y el telo. Nunca me hubiese imaginado que ahora que tengo un poco de plata el chino que todavía amo con todo mi corazón no tiene ganas de verme. ¡Si será perra la suerte! que incluso me pregunto para qué mierda sirve la plata, si la plata no me abraza.

Tras de eso el trabajo en el vivero no resultó tan simple como parecía. Hay que acarrear por lo menos 20 cajas con flores y plantas cáda mañana y cáda tarde, los siete días a la semana. Me odio cáda tarde cuando guardo todas las cajas porque sé que al día siguiente, 8.30 am voy a tener que sacar todo de nuevo. Sin contar las 30 macetas jardineras que trajeron ayer por el día de la madre y de la cual se vendieron dos. Una cagada.

A veces viene gente que te dice "¿Estás dos plantitas de ruda cuestan lo mismo? porque esta tiene cinco hojas menos, tendría que costar menos. Así no vas a vender nada, nena". A veces también vienen dos o tres mujeres con la patota de nenes mocosos que tocan todo, arrancan flores, tiran macetas y si los cagás a pedos o les querés dar con una regadera en la cabeza ¡Se ofenden! Si supieran que a mi me descuentan cáda cosa que se rompe y se hecha a perder... ellas hijos tienen muchos, pero yo trabajo tengo uno solo, deberían ser más consideradas.

Cambiando de tema: ¿Saben lo gracioso de todo esto? Que la Doble en todo este tiempo no aprender que se llama "vivero" y no "vívere"como el suavizante de ropa. Y cuando le preguntan por mi, al verla sola por ahí -La gente del barrio debe pensar que nosotras dos somos como Batman y Robin, o somos lesbianas - le dicen "¿y tu amiga dónde está?" y ella responde "Caro trabaja en el vívere de al lado de lo de Claudia"

En fin... Me encantaría contar más pero ya tengo que ir a abrir el vívere.

Hasta que un día se me dió.

Tengo el agrado de contarles que desde el miércoles soy una Pupolina que ha abandonado la vida de parásito chupasangre y desempleada. ¡Conseguí trabajo!

Ahora atiendo un vivero en mi barrio, cosa que parece poca pero la verdad ni se imaginan la cantidad de pelotudeces que compra el viejerío barrial.

Lo malo de todo esto es que trabajo practicamente todo el día y todos los días. Me dan los domingos por la tarde libres. Y es por eso que tengo que pedirle mil disculpas a Thotila, ya que no pude entregarle su amigurumi. Ni siquiera pude avisarle nada, recién hoy pude tomarme 5 minutos para escribir esto, y el sueño me está venciendo de a poco así que enseguida me voy a ir a dormir para levantarme mañana tempranito y abrir el negocio.

Lo bueno de todo esto es que ni se imaginan la cantidad de peleas que uno puede tener en un vivero de barrio. Las viejas son felices si te pueden preguntar cosas como "¿y esta planta que dice que sale $8 cuánto está?" o "¿qué significado tiene esta flor naranjita de acá al costado?" o "Estoy mirando... Pero ¿qué precio tiene esto, eso, aquello y aquello otro?

Menos mal que dios me dio muchísima paciencia y un patrón que me pagará $40 el día, porque sino me hago (más) el plato.

Intermitencia Pupolínica

No sé ustedes, pero yo estoy con un humor del ojete. Eso sí, todo depende del ojete de quién estemos hablando...

Como para dejarlos al tanto de algunos detalles, buenos y malos porque acá en este cuaderno no le hacemos asco a nada, paso a citar algunas novedades.


- El acceso a la pc sigue lo suficientemente restringido como para que esté escribiendo esto de puro pedo (Si. Yo tengo la idea fija con el asunto.. Culo, ojete, pedos... monotemática la piba) Pero no creo que esto pueda durar mucho. Eso sí, está durando y eso lamentablemente parece ser el presente. ¿Futuro? ¿Dónde estás futuro?

- Empecé a vender amigurumis los domingos en la feria artesanal de Monte Grande. Me pueden encontrar ahí cáda domingo, sobre todo a la tardecita. Es en la plaza Mitre frente a la iglesia. Esa es la parte buena "¿cuál es la parte mala?" se preguntará usted. Yo le contesto lo siguiente. La primer persona que se detuvo a mirar los amigurumis fue una mina, bastante simpática parecía, halagó mucho mi trabajo y dijo "me llevo tres". ¿Qué hace la mina? Me quiere pagar con 100 pesos. ¿Cómo son los 100 pesos? Más falso que el partido Argentina - Canadá del otro día. Apenas nos damos cuenta con la Doble y Rosa, la señora dueña del puesto que comparto, la mina cagadora se va a la mierda. Le flameaba la camiseta a la mina. ¿POR QUE DIOS? ¿¿¿Por qué la primer persona que viene con toda la buena onda, me da charla, valora mi trabajo y me quiere comprar no uno, sino tres amigurumis, simplemente me quiere cagar???

- El cuaderno pronto tendrá nuevo aspecto gracias a la señorita Rei Liddell, Raven o Simplemente Flor, mi cuñada. Me encantaría dejarles el link de su galería en DeviantART ahora mismo pero lamentablemente no lo tengo, así que esperen a la semana siguiente para enterarse.


P.D: ¿Alguien me puede ayudar a conseguir e instalar satisfactoriamente las expansiones del sims 3? Si, lo sé. Soy una viciosa de caca con ese jueguito.

Aunque parezca mentira

Uno también puede perderse. Yo me perdí casi todo este mes, y en todo este mes que no estuve presente para actualizar este cuaderno me atacaron:

- 3 viejos borrachos.
- 1 vecina histérica.
-1 vendedora (¿se acuerdan de la vieja codito?)
- 1 marido de vendedora (Nunca falta un tobillo para un codito)
- 1 cucaracha y
-1 lombriz.

Estos dos últimos bichos salieron del techo de la casa de la Doble. No me pregunten qué carajo hace una lombriz cayendo de un techo pero hace un rato me pegué el julepe más espantoso de mi vida, color rosa chicle y largo como mi dedito de señalar.

Punto aparte ¿vio? La otra vez voy a parar a la casa de mi prima la Chejo, esa que es parecida a mi pero comunista como ella sola, y le pido un té. Mientras ella pone la pava yo busco un saquito de té en la alacena ¿y qué me encuentro?

"Té de duendecillos del bosque"

Mi mente sola empezó a imaginar muchos duendecillos correteando por un bosque, siendo alcanzados por una gran maza. Miré dos veces más y le pregunté a la Chejo qué carajo era eso.

A lo que me contestó

Chejo

Es la marca, Pelotuda...


No pregunten, no es necesario: No me drogo.




P.D: La verdad que esta entrada es caca de bebé con diarrea, pero es una manera de decirles "Holaaaaa estoy viva, me atacan gusanos y viejos con olor a vino con jugo tang!"

Con la Nona no se discute.

No sé ustedes, pero yo soy una de las escasísimas personas que pueden decir que tienen a la bisabuela presente todavía. Tengo entendido que mi bisabuela nació en el año 1922, es decir, tiene 88 años de edad. No voy a visitarla seguido, pero no es porque no quiera, o porque viva lejos (de hecho, vive acá nomás) No voy a visitarla seguido porque la bisnona es media peleadora.

Primero y principal, la nona no asume sus 88 añitos. Desde chica siempre fue un misterio para mi la verdadera edad que tiene. Por esa razón dije "tengo entendido que nació en el '22" porque sinceramente no lo sé con exactitud. Los primeros recuerdos que tengo con mi bisabuela son de cuando tenía aproximadamente cuatro o cinco años e iba caminando a la cocina a preguntarle cuántos años tenía, luego, uno o dos años después volvía a preguntar y las cuentas nunca cerraban.

Pupolina a los cuatro años
Abuela ¿Cuántos años tiene usted? (A la nona jamás le hablé de tú a tú, siempre fue todo Usted)

Abuela
(se supone que con 72 años)

Yo tengo 71 años ¿Por qué?

...

Pupolina a los cinco años

Abuela ¿Cuántos años tiene usted?

Abuela
(Se supone que con 73 años)

Yo tengo 71 años ¿Por qué?

...

Pupolina a los 9 años

Abuela ¿Cuántos años tiene usted?

Abuela
(Se supone que con 77 años)

Yo tengo 75 años ¿Por qué?

...

Pupolina a los 15 años

Abuela ¿Cuántos años tiene usted?

Abuela
(Se supone que 83 años)

¡Pero qué desmemoriada que sos, nena! ¡Te dije que tengo 79 años!


Hubo un tiempo que tuvo 83 años durante 3 años seguidos, y no hubo nadie que la contradijera.

Hace tres años, cuando la abuela cumplio 85 años, a mi tío se le ocurrió comprar velas con numeritos para la torta. Erroneamente compró un 8 y un 4 y cuando llegó a la casa le corregimos de que estaba atrasado un año. Como una solución rápida sumó a la torta una velita más. Cuando la nona iba a soplar las velas y vio la velita demás la tiró al carajo y dijo enojadísima "¡ESTA NO!" Y todos nos quedamos callados.


Otra cosa que suele hacer la Nona conmigo es confundirme con mi madre, lo cual a veces es benéfico porque me entero cuando me quiere sacar el cuero, pero otras veces es confuso. Suele escapársele un:

Abuela

Sandra, ¿Dónde anda la Pupolina? ESA nunca me viene a visitar, es una desmemoriada, cuando venga le voy a decir esto y lo otro... Cuando venga ¡me va a oír!

Y 15 minutos después recobro mi identidad en su mente de bisabuela, y me dice algo como -¿Querés jugar al Buraco, Pupolina? - Con una sonrisita simpática. Y yo, que ya más o menos estoy acostumbrada, me hago la boluda y le sigo la corriente. Más de una vez intenté explicarle su error pero siempre terminamos en un círculo vicioso donde no hay tu tía que valga, puesto que a ella no se le contradice jamás. Si algo sabe hacer bien es dejarte hablando solo y cambiarte de tema para ponerse a hablar de las novelas de la tarde, de la vecina de al lado, del gato o de la mar en coche.

En lo que respecta a los juegos de azar es una campeona mundial. Puede ir de la cocina al comedor y olvidarse por completo lo que iba a buscar, pero a la Nona jamás se le escapa un comodín del Buraco. Y si se trata de cartas de Poker, nunca se le puede vender pica por trébol. Lo que sí es seguro es que hay que estar atento, porque sabe mezclar muy bien y hacer pases extraordinarios de prestidigitadora profesionar junto con engaños visuales de señora abuela, pero no conviene mucho contradecirla. Ella no da bola alguna. A mi siempre me pareció bueno dejarla ganar, aún si esto me cuesta sus burlas y chistes, porque cuando pierde no queda con un buen humor que digamos, y el mal humor de la Nona puede ocasionar que casualmente la comida se le queme, o se le pasen los fideos, o se le derrame el café con leche en tu pantalón, o se le caiga la puerta del aparador en tu espalda...


Fuera de eso es una bisnona común y corriente. Cocina muy bien, teje a dos agujas y a crochet, colecciona huesitos caracú, se tiñe el pelo cáda viernes religiosamente...


A mi me encantaría llegar a la edad de la Nona. Más que nada para divertirme de lo lindo con mis bisnietos. Porque estoy segura de que algún día tendré con qué pagar el pato.

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