Corrés apurado porque ves ahí, a cincuenta metros de donde estás, el colectivo que tenés que tomarte. Acaba de llegar a la parada y vos estás todavía bastante lejos pero estirás la mano para que el chofer tenga un poco de corazón y te espere sólo 10 segundos. Sabés que él te vio pero sabés bien que no va a parar, porque es un forro. ESE es el colectivo que te deja donde vos querés ir y sabés bien, y mejor que nadie, que por haber tardado tanto en arreglarte estás fuera de tiempo, no llegás ni en pedo a las 4 de la tarde porque son 3.27 y el colectivo tarda una hora de viaje en llegar.
Es de saberlo como una ley de Murphy que siempre que estés apurado va a estar tu bondi en la parada y vos justo doblando la esquina.
Es también sabido que siempre que vos esperes el 306 que va a San Justo el primero que va a caer es el 502 que va al Aeropuerto de Ezeiza. Cuando necesites tomarte el 502, por supuesto y sin tardanza va a llegar el 306, más vacío que heladería en invierno.
Haciendo punto y aparte, en cualquier colectivo nunca faltan los siguientes personajes:
Las viejas que regalan tu asiento: Aquellas viejas que sienten que las canas y las arrugas les dan todo el derecho de ser juezas de tu asiento, regalando el mismo a la siguiente vieja que suba (porque son resentidas, si no se lo diste a ellas cobran venganza así) o a alguna embarazada, o en su defecto a alguna mina que suba con tres mil quinientos pendejos. No importa que vos te hayas sentado en el fondo del bondi justamente para evitar ceder tu asiento, ellas están ahí para impartir justicia.
La mina que sube con tres mil quinientos pendejos: Aquella que además de haber alegado 3 años en un pendejo que obviamente tiene 5 años, hiperactividad y boca de cloaca, trae otros 3 o 4 encima y te los pone bien cerca para que ellos te pisen, te empujen, te escupan, te molesten, te rompan las pelotas y vos termines bajandote del colectivo cinco paradas antes porque no aguantás más las ganas de bajarles gratis un diente de leche.
El Borracho: Aquel que sube con olor a vómito y vino con jugo Tang, a veces se queda dormido, incluso parado, y ronca como chancho. A veces está bien despierto y te da charla, a veces el colectivero sí tiene buen corazón y lo baja del colectivo. A veces hay justicia.
El flaco con mp3: Tiene vocación frustrada de cantante. Sueña con llegar a la cima, guitarra en mano, muchas minitas, cabellera muy larga. Pero el problema es que está muy ocupado con el trabajo (trabaja en la panadería, es aprendíz de pastelero), la familia (tiene alrededor de 25 años y su madre todavía le plancha las camisas limpias y le corta el pelo todos los meses, impidiendo que crezca su larga cabellera) y su novia (que escucha Ricky Martin y Enrique Iglesias y no soporta el heavy metal). Además y por sobre todas las cosas su mayor obstáculo es que no tiene banda. Por lo tanto utiliza el colectivo como sala de ensayos de fantasía, como para sentirse vivo.
La turra que todo le molesta y tiene un blog: Esta nunca falla, siempre sube apurada porque tardó más de la cuenta en arreglarse, peinarse y vestirse. Corrió media cuadra porque se le iba el colectivo de las 15.27 entonces está con un humor del ojete. Cuando sube se sienta atrás de todo porque además de turra, es egoísta, y no le gusta tener que ceder el asiento. Se queda parada 10 minutos con un borracho al lado que le rompe las bolas y después se queda dormido, babeando y tirándose pedos.
Desde atrás mira mal a la vieja que anda por ahí adelante, para que ni se atreva a dirigirle la palabra. Esquivando patadas y manotazos de los hijos de una fulana de por ahí se sienta en un asiento doble. Al lado de ella se sentó el flaco con mp3 que se puso a cantar "Welcome to the Jungle" con un tono de voz parecido al sonido que hace un cassette cuando lo rebobinás.
Además de todo esto a La Turra le agarran ganas de vomitar y le manda mensajes a su novio con la frase "Quiero vomitar, me quiero bajar" repetidas veces.
Cuando llega se le pasaron todos los males.