Ira de Carretera

El domingo pasado cuando salía de la casa del Chino, después de una tarde gloriosa y tranquila sin queses ni porqueses (así, como Dios manda en una linda relación), mientras viajaba en el colectivo de vuelta a casa se me ocurrió ir a la casa de la Chejo ya que queda justo a mitad de camino. Así que la llamé por teléfono y me invité a dormir a su casa. Obvio, a mi no me dice que no, no sólo porque soy dulce, graciosa y simpática, sino porque soy pariente cercana y puedo ir a rayarle el auto al otro día.

Chejo
¡Eh! ¿Qué onda, sucia?

Pupolina
¿Qué hacé' Chejoliana? Te llamo porque estoy en el 306 y tengo pensado que sería una buenísima idea ir a visitarte y alegrarte la vida. Así de buena que soy nomás.

Chejo
Ah dale. Si, yo no tengo nada que hacer porque mi vida es aburrida e incípida. Venite para casa, venite.


Y bueno, me fui. Me quedé a dormir y toda la bola. Hasta ahí perfecto todo, excepto que a la noche veía que el techo de la pieza de la Chejo subía y bajaba y lo más extraño aún es que no habíamos consumido nada raro, excepto un choripán y un café. No le quise dar mucha bola porque tengo la extraña sensación de que si uno le da demasiada pelota a los fenómenos paranormales que suceden alrededor de cinco metros de radio de uno mismo puede aparecer una mina con un tramontina en la mano hablando en guaraní, o una vieja en camisón tarareando el Para Elisa. Para mi esa clase de bichos funcionan como los carteles mutantes del capítulo de terror de los Simpsons, si no los mirás se quedan quietos en búsqueda de algún curioso. Pero en lugar de decirle -Eh! tomá por mirón, gil - Estos bichos te tiran de las patas a la noche o te enloquecen algún pariente y el mismo te quiere arrancar los ojos con una cucharita de té.

Después de pasar la noche con la Chejo, al otro día estuvimos un rato largo charlando sobre la vida, la televisión y la mar en coche. Después de eso fui a esperar el colectivo para volver a mi casa. No lo esperé mucho, creo que llegó pasaditos los cinco minutos, me lo tomé y como una boluda en lugar de sacar $1,50 saqué $2. - No importa - me dije - Muchas veces sacaste escolar y le robaste al estado valiosos centavos para la nación y ya tenías 19 años. Otro día te colás en el tren y listo - Así que me acomodé como pude en el atestado colectivo y me preparé para unos treinta minutos de viaje. Todo tranqui hasta ahí ¿no?

Hasta que de golpe se escucha un "NONONONONO TUC!" y después un "BUAAAAAAA!" y después un "PELOTUUUUDOOOO" y a mi se me congeló todo. Justo en una esquina muy cerrada donde el colectivo tiene que doblar iba cruzando una mina. La mina vio que el semáforo estaba por cambiar de color y quiso cruzar rápido para no esperar dos minutos más, cruzó rapidísimo para que no la chocara el colectivo de la derecha que estaba por pasar. Pero obviamente no miró para la izquierda. El colectivo de la izquierda (donde yo venía silbando bajo) lo venía manejando un pelado que no la vio porque se quedó mirando el semáforo y dobló como tiene que ser: en verde. La mina cruzó corriendo y esquivó el colectivo, pero se le olvidó que tenía una mocosa en la mano, el colectivo le chocó la mocosa. Y la mocosa lloraba mucho.


Colectivero pelado

Abajo todos, vamo' vamo'.

Gente en el colectivo (a coro)

¡Uh! Sos un pelotudo...

Así que con sólo cinco cuadras recorridas me bajaron del colectivo. Tuve que esperar otro, que obviamente venía llenísimo. No llegamos a subir todos y ya no entraba más gente, así que cuatro o cinco nos quedamos en la esquina esperando el siguiente. El cual por supuesto, no nos creyó nada. Tras cartón yo no tenía monedas y el último kiosco estaba a unas diez cuadras. En cualquier otro momento me hubiese ido caminando a pedir monedas por ahí, pero después de la larga noche del techo volador no tenía muchas energías para volver caminando diez cuadras y tal vez encontrarme con un cartel que dijera "No cambiamos monedas. Ajo y agua" Así que recurrí a mi Plan B: La queja. Y por supuesto que funcionó.

A los cinco minutos, contados con reloj, el colectivero frena y dice en voz alta que la gente que subió gratis se vaya bajando. ¿Gente que subió gratis? las terlipes. Yo había pagado cincuenta centavos demás por ese boleto, me bajaron cinco cuadras después de haberme subido y se supone que nadie me estaba regalando absolutamente nada, así que no estaba dispuesta a bajarme sino hasta llegar a mi casa. Lo más loco es que algunos de los que subieron conmigo se bajaron con la cabeza gacha ¿Puede haber gente tan manipulable en el mundo? después se preguntan por qué no existen más los alfajores de diez centavos.

Como yo no me bajaba el colectivero empezó a toser un poco alto. Pobre... de tanto frío que pasa adentro del colectivo seguro se engripó. Después empezó a carraspear y mirarme con cara de culo, así que empecé a sospechar que era alguna indirecta. Aún así, no me bajé. Puse mi mejor cara de situación y me quedé ahí firme, como rulo de estatua. Toqué timbre al llegar a mi parada pero el chofer hizo como si no escuchara nada y me bajó dos cuadras después.

Ahora si. Todo ese quilombo del colectivo porque una mina no quiere perder dos minutos esperando para cruzar la calle. No sólo pone en peligro su vida sino la de su hija, la que se tuvo que comer el susto tremendo y la que gracias a dios no estaba muy lastimada (si, bueno, tenía un chichón gigante y un raspón en el cachete, pero todavía sirve, todavía sirve) Hace unos años una gorda grandota que vive acá a la vuelta quiso cruzar las vías del tren estando el carguero interrumpiendo el paso. Cualquier ser humano con un poquito de razonamiento y conciencia hubiese esperado. ¿qué hizo la señora? pasó por abajo, POR ABAJO DEL TREN. ¡Si al menos hubiese cruzado por arriba! Como mucho la hubiesen llevado hasta la próxima estación. Pero no fue así.

¿Qué se les ocurre que pudo haber pasado?

El tren arrancó mientras ella estaba cruzando por abajo.

Hoy en día esa mujer anda por el barrio con muletas porque le falta una pierna. Todo por no esperar dos minutos más.

¿Entienden el punto verdad?

5 comentarios:

SANTIAGO dijo...

claro que entiendo, lo que pasa es que los que no escucharon dos minutos no.

El griego Puteador dijo...

JA JA JA "todavia sirve, todavia sirve". Premio a la madre del año por favor!!
Que colectivero vigilante el segundo, por dio!.
Entiendoel mensaje, aca en el centro lo veo todos los dias. Apenas baja un poco la velocidad un auto y todo el mundo se manda a correr por la avenida. Yo lo hacia hasta que conoci a una chica que me dijo "para que te apuras? tenes toda la vida para cruzar"

quichicientos dijo...

pasó por abajo... todavía no lo puedo creer...

Pupolina dijo...

Santi: Ahí está el punto.

Griego Puteador: Yo prefiero perder dos minutos esperando a perder toda mi vida por cruzar una avenida. Menos mal que esa chica te lo dijo.

Quinchicientos: Yo tampoco lo pude creer, pero menos pude creer que sobrevivió a semejante accidente.

Pupolina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Con la tecnología de Blogger.

Club VIP