Crónicas de un pupo (05)

Falta muy poco muchachos.


Anoche Pupita armó joda y lo invitó a Barry White.





Untitled from Pupolina on Vimeo.

Mucho Pior

Che gente, me está costando un huevo empezar con esta entrada porque no sé por donde arrancar. No sé si es que estoy perdiendo la chispa (¿tuve chispa alguna vez?) o será que estoy vaga, sin inspiración pero con mucho para contar. Esperemos que sea eso segundo, porque posiblemente se me pase. Llamemosle a este período "Resfrío literario". La opción "Mucosidad Bloggeril" podría ser aceptable también.

Empiezo más o menos desde el punto que quiero tocar.

Tengo 21 años. En el próximo mes serán 22 y soy bastante pelotuda. Nunca en mi vida he cambiado un pañal y estoy más que segura que el día que esta criatura salga va a sufrir sus primeros 15 o 20 pañales, porque los mismos van a estar mal puestos, torcidos, chuecos, o las primeras limpiadas de culo van a ser muy newbie. No tengo idea sobre los cuidados de una criatura recién nacida y sin ir más lejos tampoco tengo idea de lo que vendrá más adelante. Consideré siempre que la frase "echando a perder se aprende" era mi pilar base para todo tipo de aprendizaje, pero algo me dice que para esto no se aplica.

Sin embargo voy juntando coraje para todo lo que venga pero hay momentos o situaciones donde pienso "tranqui, que podría ser pior". Y claro que podría ser peor. Si hay algo que me da seguridad de que podría ser peor es cuando voy a un hospital público y me encuentro con otras embarazadas primerizas. Paso a contar dos situaciones donde mi inutilidad ha quedado opacada por la tremenda pelotudez ajena. Estoy más que segura que va a aparecer algún anónimo diciendo "necesitás rebajar a alguien para sentirte mejor". Si. Posiblemente. Pero vaaaaamos que son muchos los que hacen lo mismo. La única diferencia es que yo lo cuento en mi blog.

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La primera vez que respiré aliviada sobre mi total pérdida de orientación sobre maternidad fue hace unos meses cuando inicié el trámite para la asignación por embarazo. Me asustaba la idea de tener que ir a la secretaría de salud y realizar mil trámites diferentes y llenar miles de formularios distintos. La idea de hacer algo mal me ponía nerviosa. Éramos en ese lugar más o menos ocho embarazadas. Seis de ellas iban acompañadas de sus respectivos maridos o novios, una iba con la madre y parecía tener unos 17 años, y estaba yo, que iba sola. La mujer que estaba a cargo nos dio unas planillas y nos explicó que debíamos llenarlas con nuestros datos con letra clara y prolija, y que no podíamos tachar, así que debíamos tomarnos el tiempo que sea necesario para escribir, sin apuro y sin equivocarnos.

Los datos eran una boludez galopante: Nombre, apellido, tipo y número de documento, dirección, teléfono. Nada que no te llevara más de dos minutos escribiendo con cincel y martillo sobre un adoquín. No pasaron veinte segundos y la piba que estaba con la madre dijo "ay... acá donde dice Nombre puse todo, mi nombre y apellido ¿qué hago? ¿lo dejo?". La coordinadora le dijo "No. Tiene que ir el nombre arriba y el apellido aparte, para eso hay dos espacios. Tomá, llená de nuevo" y le dió otra planilla.

Cinco segundos después la piba dice: "ay... lo puse de nuevo.", todos nos reímos como diciendo -uy pero que bolú- y la coordinadora le dio otra planilla, también con una sonrisa.

Cuando terminó de escribir la coordinadora leyó la planilla y le dijo "acá donde dice tipo y número de documento vos tenés que poner DNI y tu número ¿no ves que te sobran espacios?"y le dió por tercera vez una planilla vacía. La piba dijo "Ay mamá, pasa que yo nunca hice estas cosas, ¡siempre las hacés vos!" Recuerdo que la madre puso una cara que podría haber significado "¡¿y qué esperás?! ¡¿que me ponga a parir por vos también?!"

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La otra situación fue hace unos días cuando fui a hacerme unos análisis de sangre y orina. Llegué a las seis de la mañana al hospital y eran las ocho y media cuando me atendieron. Cerca mío había una chica de la edad de la Doble dando vueltas por todos lados, con la panza un poco más chica que la mía pero meneando las cachas a todos los pacientes o enfermeros que pasaban. La habré cruzado unas cinco veces dando vueltas, riéndose de todo y masticando chicle con la boca abierta, esto último me llamó la atención porque imaginé que la iban a cagar a pedos por eso, pero me equivoqué.

Cuando llegamos a la ventanilla donde había que entregar la muestra de orina la chica empezó a buscar por todos lados. Se revisó todos los bolsillos, los del bolso y los de la ropa. Increíblemente hasta los bolsillos del pantalón. Revisó abajo de los asientos de la sala de espera, el pasillo, fue al baño, le preguntó a varias personas y después vino y le dijo a la enfermera: "Me lo robaron". Después de discutir un rato se fue a seguir buscando.

La enfermera no vio cuando ella volvió y justo le dijo a otra enfermera "seguro que ni lo trajo", y la chica gritó enfurecida desde atrás: "¡Yo si traje el pis! ¡Pero no tengo la culpa si se lo robaron!"

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Así que no sé si estará mal sentirme un poco mejor ante este tipo de situaciones, pero me levanta un poquito el ánimo saber que manejo los comandos básicos para entender que no puede caber en ninguna cabeza que te afanen un tarro de pis.

El mío es más grande

Colectivo a Barrio Uno, hora pico.

Pupolina sentada en un asiento reservado para embarazadas y discapacitados (conseguido sin pedir, de puro ojete como quien dice). El colectivo llega a la estación y suben muchísimas personas, entre ellas un par de embarazadas más. Una me encara directo y sale conversación bizarra:


Mujer más embarazada

"¿Me das el asiento? Que estoy embarazada"

Pupolina
(mirando para ver si le hablaba a alguien más)

"..."

Mujer más embarazada

"A vos te digo"

Pupolina

"Yo también estoy embarazada"

Mujer más embarazada

"Pero el mío es más grande"

Pupolina

"..."


Y no. No se lo di. ¿Debo sentirme mal?

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